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A fondo

  La canción que está sonando de fondo no viene del Sol (por nombrar un astro que todos conocemos) tampoco de un aparato de reproducción no es una reproducción es una canción que suena desde el fondo porque viene desde del fondo desde el fondo del cráter que abrió la bomba de mil kilos tras otra de mil, y otra más de mil tan hondo se abrió el cráter que lo único que quedó es el fondo el fondo del cráter que es el fondo per se el que hay y siempre habrá no acaba nunca de existir y no se puede acabar: todo el mundo sabe que canta que el fondo canta no deja de cantar el fondo la canción del fondo que nunca termina como el fondo que le dio a luz

Polvo

  Un colectivo pasa sin mirar a nadie, rápido como si quisiera alcanzar cuanto antes el sitio en donde ira a estacionar o a estrellarse tal vez quiera eso, porque está pasando: cada segundo se estrellan coches, edificios, parques, panaderías, tanques de agua, vestidos, juguetes, algodones, gasas, jeringas, teléfonos, fuentes de vidrio, de cerámica, da lo mismo acero, barro, madera, carne humana, carne animal, papel, arena, entero o desecho, no hay sólido, no hay líquido, todo se estrella para hacerse polvo Polvo delante nuestro y a nuestras espaldas la cama desde la cual emergemos cada mañana viendo como allá se hace polvo hasta el polvo hasta el agua es polvo algo que parecía imposible para la ciencia que también se redujo a polvo Tal vez el conductor del colectivo se repetía esta metáfora, lugar común en nuestra lengua, “estoy hecho polvo” y al verse al espejo al pellizcarse, morderse los labios, constataba que no, que estaba enter...

Sueño y realidad

Nos acostamos en el sofá a cabecear, como le decimos Ana y yo a dormirse una siestita de sentados. Dormí profundo y me soñé viajando de pie en un colectivo repleto que me iba a dejar en mi avenida Nazca. En sueños, Nazca es la de mi infancia, mi adolescencia. Pensaba, el colectivo está lleno pero ya me las voy a ingeniar para descender. Luego iría a pasar por el consultorio de mi viejo, en San Blas y Helguera. Mejor no, me dije, tengo dos semanas para estar aquí, ahora camino por Nazca, desciendo hasta la esquina del Ciro Bar. Deperté mucho más tarde que Ana. El presidente Byden ya se había marchado tras su visita. Acordaron con su primer ministro Netanyahu que se permitiría ayuda humanitaria bajo fuego. Que la culpa del misil que mató 500 refugiados en el hospital de Gaza era de los otros. Un colectivo argentino cargado hasta la manija en sueños es un paraíso si una simple solución onírica nos permite escapar de él. La realidad es la pesadilla. 

Una palabra por otra

Tratando de dar continuidad a esto que empecé, me detengo en algunos detalles del posteo anterior. Corrijo estilo, como si el estilo fuese un refugio. Buscando refugio en un hospital de Gaza, más de 500 palestinos murieron por un ataque de misiles. En tanto, yo corrijo estilo. Buscando refugio a su vergúenza y culpa, las IDF echan la culpa de la catástrofe a la Yihad Islámica. Yo, cambio palabras, "horror" por "espanto". Ya todo el mundo había advertido a Israel que la evacuación forzada de gazatíes terminaría en hecatombe. Nada cambia quien fue el responsable hoy. Nada cambia una palabra por otra. No hay refugio.

No hay refugio para el horror

Las entradas que iba planeando para abrir la puerta de este blog se desdibujan ante el espanto de la última noticia: el bombardeo israelí a un hospital de Gaza causó hasta el momento 500 muertos y cientos de heridos. Iba a contar sobre el caos que reina en el refugio antiaéreo que le toca al bloque de viviendas que habito, iba a narrar una discusión con una vecino sobre si hay que dejar o no abierta la puerta del refugio para que no entren los gatos. Iba a hablar del electricista ingeniero que señala con displisencia el tablero de electricidad del edificio y apunta "falta el disyuntor correspondiente al refugio". De llegar en algún momento los misiles desde el Líbano, tendremos un espacio más o menos sucio para refugiar nuestros cuerpos, pero no del horror de las masacres.