Dentro, fuera
En este énclave tranquilo, arriba del Mar Muerto, la vida funciona como si sus baterías tuviesen buenas reservas, como si el material de recambio fuese suficiente para mantener el funcionamiento de cada parte por largo tiempo. La condición es no moverse de aquí, estallar por dentro, pero no permitir que nada externo explote sobre uno. La destrucción y muerte, el genocidio que se vomita hacia allá hace su réplica en nuestros cerebros, corazones, vísceras. El cuerpo por fuera, en tanto, se muestra bastante parecido al de los vecinos del barrio, Puede caminar, sacar a pasear al perro, comprar fruta y pescado. El alma hecha pedazos es algo que casi nadie quiere ver.
Comentarios
Publicar un comentario